El proceso de separación y divorcio

Closeup of a man signing divorce papers.

Las relaciones de pareja pueden aportar seguridad, compañía, deseo, etc. Generando también ilusiones, planes para crear una familia y a veces dependencia, por lo que una ruptura puede generar un fuerte impacto y múltiples huellas en diferentes ámbitos de nuestra vida.

Impacto físico: A consecuencia del estrés, se produce un gran desgaste energético que puede llevar a una disminución de las defensas y, como consecuencia, provocar infecciones y enfermedades. Hacer ejercicio nos permitirá mantener el organismo sano. Por ejemplo, caminar a buen paso al menos media hora todos los días. Además, revisemos nuestra ingesta para mantener una dieta sana y equilibrada y demos importancia al descanso, para recuperar fuerzas y para que las células se regeneren y revitalicen. 

Impacto económico: puede ser que con la separación se produzcan problemas económicos, cambios de ciudad, de trabajo, que una de las partes manipule o regatee; o puede ser que tengamos una relación cordial y cercana  con el otro y los hijos, proporcionando una estructura familiar y social que nos permita prosperar. Es preferible prepararnos para ser autosuficientes en este sentido y crear una fuente de ingresos que garantice el propio bienestar presente y futuro, y si es necesario, el de nuestros hijos. En caso de no tener esta posibilidad, no dudar en pedir ayuda, ya sea en el entorno más cercano o a través de otras prestaciones y recursos a los que podamos acceder.

Impacto familiar: sobre todo en la estructura familiar nuclear (pareja e hijos) que ya no se encuentra integrada en un mismo espacio. Es importante establecer un acuerdo de comunicación y de toma de decisiones sobre la educación de nuestros hijos. Si uno de los dos es irresponsable, negligente o “desaparece”, evitemos hablar mal de él/ella delante de ellos, expliquémosles que no se ausenta o no se ocupa de ellos por hacerles daño, sino porque ignora cómo comportarse. En ocasiones, la ayuda de una figura mediadora (familiares, amigos o profesionales) puede ser de gran ayuda, siempre que ambas partes la acepten.

Impacto social: es probable que muchas amistades del matrimonio sigan la relación sólo con un miembro de la pareja y eviten frecuentar al otro. Es conveniente crear nuevos círculos de amistades, entre personas con nuestras mismas condiciones e intereses con las que poder divertirse y pasar ratos gratificantes.

Impacto emocional: vamos a vivir emociones muy fuertes ante eventos no provistos, pues pueden resurgir sentimientos negativos no resueltos en el pasado. Identificar este tipo de emociones va a ser primordial para poder manejarlas de la forma más adecuada posible y no afectar con ellas a las personas que nos rodean ni tampoco a nosotros mismos.

Impacto psicológico: Es importante considerar el desgaste mental que se presenta en esta situación. “Rumiar una idea” es solo una actividad que acaba con nuestras fuerzas, lo que imposibilita encontrar una solución adecuada ante el problema que nos planteamos. Una adecuada organización del tiempo, buen manejo de las emociones, habilidades de comunicación y una buena técnica de resolución de problemas te ayudarán a encontrar un óptimo equilibrio mental. Todo esto acompañado de la aceptación del proceso y un sentimiento de estima hacia nosotros mismos.

Cuando se produce una ruptura, es necesario que cada uno de los involucrados inicie un proceso de elaboración del impacto emocional, lo que vamos a llamar DUELO. Elaborar el duelo significa ponerse en contacto con el vacío que ha dejado la pérdida, valorar su importancia y soportar el sufrimiento y la frustración que comporta. La intensidad y duración del duelo depende de muchos factores y los sentimientos más habituales son la negación e incredulidad, rabia, tristeza, miedo, angustia, culpa, síntomas físicos como náuseas, palpitaciones, opresión en la garganta y en el pecho, nudo en el estómago, dolor de cabeza, pérdida del apetito, insomnio y comportamientos como llorar, suspirar, querer estar solo, dormir poco o en exceso, falta de concentración, soñar o tener pesadillas, trastornos alimenticios, etc. Todo esto dependerá de cada persona y de sus múltiples variables personales.

 

 

 

 

A lo largo de este proceso de duelo podemos pasar por diferentes etapas más o menos comunes en todas las personas:

Primera fase: El choque. La primera reacción ante una pérdida repentina e inesperada es la estupefacción y la negación de lo ocurrido; vivimos momentos de confusión y es frecuente que repitamos frases como «no puede ser cierto».

Segunda fase: Conciencia de la pérdida y protesta. Tras la aceptación surge la rabia, la cólera fruto de la frustración y de la impotencia y la eterna pregunta: ¿por qué? En esta fase es habitual experimentar trastornos del sueño y tener la sensación de «perder la cabeza».

Tercera fase: Aislamiento y depresión.La más delicada porque sus características son muy similares a las de una depresión patológica. Tendemos al aislamiento social porque la culpabilidad vuelve con toda su fuerza y nos empuja a cuestionar nuestro comportamiento.

Cuarta fase: Aceptación y nueva realidad. El dolor se ha convertido en un motor de cambio, adaptamos nuestra visión de la realidad y nuestro comportamiento y comenzamos una nueva vida. Se experimenta sensación de alivio que va acompañado de la sensación de recuperarse.

Algunas de las tareas claves para superación de este proceso son: aprender estrategias para gestionar las emociones, comenzar a planificar actividades agradables y gratificantes, aumentar la confianza y seguridad en las cualidades y capacidades personales, mejorar la comunicación tanto con la ex pareja como con los hijos y entender que los problemas que surgen con la separación son situaciones complicadas. Hay que tener presente que los problemas pueden multiplicarse por las soluciones que ponemos en marcha ante la separación.

    Cristina Barajas . Psicóloga en Educare. 

Artículo de Octubre del 2016

Las relaciones de pareja pueden aportar seguridad, compañía, deseo, etc. Generando también ilusiones, planes para crear una familia y a veces dependencia, por lo que una ruptura puede generar un fuerte impacto y múltiples huellas en diferentes ámbitos de nuestra vida.

Impacto físico: A consecuencia del estrés, se produce un gran desgaste energético que puede llevar a una disminución de las defensas y, como consecuencia, provocar infecciones y enfermedades. Hacer ejercicio nos permitirá mantener el organismo sano. Por ejemplo, caminar a buen paso al menos media hora todos los días. Además, revisemos nuestra ingesta para mantener una dieta sana y equilibrada y demos importancia al descanso, para recuperar fuerzas y para que las células se regeneren y revitalicen. 

Impacto económico: puede ser que con la separación se produzcan problemas económicos, cambios de ciudad, de trabajo, que una de las partes manipule o regatee; o puede ser que tengamos una relación cordial y cercana  con el otro y los hijos, proporcionando una estructura familiar y social que nos permita prosperar. Es preferible prepararnos para ser autosuficientes en este sentido y crear una fuente de ingresos que garantice el propio bienestar presente y futuro, y si es necesario, el de nuestros hijos. En caso de no tener esta posibilidad, no dudar en pedir ayuda, ya sea en el entorno más cercano o a través de otras prestaciones y recursos a los que podamos acceder.

Impacto familiar: sobre todo en la estructura familiar nuclear (pareja e hijos) que ya no se encuentra integrada en un mismo espacio. Es importante establecer un acuerdo de comunicación y de toma de decisiones sobre la educación de nuestros hijos. Si uno de los dos es irresponsable, negligente o “desaparece”, evitemos hablar mal de él/ella delante de ellos, expliquémosles que no se ausenta o no se ocupa de ellos por hacerles daño, sino porque ignora cómo comportarse. En ocasiones, la ayuda de una figura mediadora (familiares, amigos o profesionales) puede ser de gran ayuda, siempre que ambas partes la acepten.

Impacto social: es probable que muchas amistades del matrimonio sigan la relación sólo con un miembro de la pareja y eviten frecuentar al otro. Es conveniente crear nuevos círculos de amistades, entre personas con nuestras mismas condiciones e intereses con las que poder divertirse y pasar ratos gratificantes.

Impacto emocional: vamos a vivir emociones muy fuertes ante eventos no provistos, pues pueden resurgir sentimientos negativos no resueltos en el pasado. Identificar este tipo de emociones va a ser primordial para poder manejarlas de la forma más adecuada posible y no afectar con ellas a las personas que nos rodean ni tampoco a nosotros mismos.

Impacto psicológico: Es importante considerar el desgaste mental que se presenta en esta situación. “Rumiar una idea” es solo una actividad que acaba con nuestras fuerzas, lo que imposibilita encontrar una solución adecuada ante el problema que nos planteamos. Una adecuada organización del tiempo, buen manejo de las emociones, habilidades de comunicación y una buena técnica de resolución de problemas te ayudarán a encontrar un óptimo equilibrio mental. Todo esto acompañado de la aceptación del proceso y un sentimiento de estima hacia nosotros mismos.

Cuando se produce una ruptura, es necesario que cada uno de los involucrados inicie un proceso de elaboración del impacto emocional, lo que vamos a llamar DUELO. Elaborar el duelo significa ponerse en contacto con el vacío que ha dejado la pérdida, valorar su importancia y soportar el sufrimiento y la frustración que comporta. La intensidad y duración del duelo depende de muchos factores y los sentimientos más habituales son la negación e incredulidad, rabia, tristeza, miedo, angustia, culpa, síntomas físicos como náuseas, palpitaciones, opresión en la garganta y en el pecho, nudo en el estómago, dolor de cabeza, pérdida del apetito, insomnio y comportamientos como llorar, suspirar, querer estar solo, dormir poco o en exceso, falta de concentración, soñar o tener pesadillas, trastornos alimenticios, etc. Todo esto dependerá de cada persona y de sus múltiples variables personales.

 

 

 

 

A lo largo de este proceso de duelo podemos pasar por diferentes etapas más o menos comunes en todas las personas:

Primera fase: El choque. La primera reacción ante una pérdida repentina e inesperada es la estupefacción y la negación de lo ocurrido; vivimos momentos de confusión y es frecuente que repitamos frases como «no puede ser cierto».

Segunda fase: Conciencia de la pérdida y protesta. Tras la aceptación surge la rabia, la cólera fruto de la frustración y de la impotencia y la eterna pregunta: ¿por qué? En esta fase es habitual experimentar trastornos del sueño y tener la sensación de «perder la cabeza».

Tercera fase: Aislamiento y depresión.La más delicada porque sus características son muy similares a las de una depresión patológica. Tendemos al aislamiento social porque la culpabilidad vuelve con toda su fuerza y nos empuja a cuestionar nuestro comportamiento.

Cuarta fase: Aceptación y nueva realidad. El dolor se ha convertido en un motor de cambio, adaptamos nuestra visión de la realidad y nuestro comportamiento y comenzamos una nueva vida. Se experimenta sensación de alivio que va acompañado de la sensación de recuperarse.

Algunas de las tareas claves para superación de este proceso son: aprender estrategias para gestionar las emociones, comenzar a planificar actividades agradables y gratificantes, aumentar la confianza y seguridad en las cualidades y capacidades personales, mejorar la comunicación tanto con la ex pareja como con los hijos y entender que los problemas que surgen con la separación son situaciones complicadas. Hay que tener presente que los problemas pueden multiplicarse por las soluciones que ponemos en marcha ante la separación.

    Cristina Barajas . Psicóloga en Educare.